Asesinatos, premeditados ( como todos los asesinatos), de arboles, de vida.
Atentados injustificados e impunes.
Delitos de incendio contra nuestra Vida.
La Tierra nada nos pidió. Como Madre ejemplar nos acogió en su regazo y nos ayudo a sobrevivir, a evolucionar. Nosotros ya poderosos, ya creyentes de un poder, de una divinidad que nos hace estar por encima del bien y del mal le devolvimos el favor matándola con hachas, con fuego, con humo, con contaminación, con miles de formas crueles.
Dolor y pena.
Llora nuestra Madre Naturaleza presa de la crueldad de sus hijos de la Tierra.
Me hierve la sangre ver esta imagen retorcida de dolor, de sufrimiento.
Y, como siempre, la Naturaleza lucha y la Madre vuelve lentamente a dar vida. Todavía duelen las heridas pero Ella está ahí para que la desagradecida raza humana pueda respirar.
Y como siempre, como una Madre que sus hijos la han insultado. Ella, a pesar de todo, muestra su mejor sonrisa, su flor para que no la veamos triste, para alegrarnos hasta que otra vez volvamos a asesinarla.
